Opinión

La Obediencia.

El día de hoy estamos cansados de las cuarentenas, estamos cansados de los bonos que no llegan, de las cajitas felices que llegan para unos pocos y otros muchos se quedan mirando. Soñábamos con un 2021 que nos devolvería la normalidad, la cual las autoridades apostaron por instalar con una vuelta a clases con todas las medidas sanitarias y con un horario para los estudiantes con todos los resguardos sanitarios. Una normalidad que quisieron instalar con el plan “Paso a paso” que nos llevo paso a paso al barranco del que todas y todos íbamos cayendo concientizados que íbamos por el camino a la salvación y no al precipicio de la desolación. Un 2021, de vacunas que nos salvarían de la desolación, sin embardo, nuestra obediencia y nuestra confianza hacia esta invención médica ágilmente tecnológica, nos defraudó cuando aparecen compatriotas infectados a pesar de haber cumplido al pie de la letra con lo que la autoridad imponía.

Los chilenos respetamos nuestra madre Patria, respetamos nuestros héroes, las autoridades son respetadas a tal punto que nos convencemos de que deben vivir de manera ostentosa, ganar millones de pesos por su talento y su gran capacidad de responsabilidad por llevar a nuestro Chile hacia la estabilidad económica. Respetamos a la autoridad que debe pasar su poder a sus familias, porque gozan del gen de la sabiduría, gen del cual los ciudadanos de a pie nunca hemos podido desarrollar, porque somos mestizos, porque somos la lacra, porque somos los flaites, porque los los sin voz.

Esta obediencia ciega que no nos permite ver que hemos sido engañados durante toda la historia de esta larga y angosta faja de tierra que trata al forastero como un hermano, que quienes quieran venir a vivir a este oasis de tierra llegarán a un lugar con todas las oportunidades que se puedan imaginar. Este engaño es engañoso, porque el despertar del 18 de octubre del 2019, fue real, pasamos por un sueño maravilloso donde todos nos miramos las caras y nos dimos cuenta que mis problemas eran los mismos de mi vecino, que el sentir ciudadano por demandas a las mejoras en salud, educación, trabajo, pensiones, igualdad de género eran las banderas que flameaban con las mismas consignas. Este sueño cambia a pesadilla cuando aparece una pandemia que nos trajeron quienes pueden salir de vacaciones al viejo continente, porque no podemos olvidar que los primeros contagios se focalizaron en aquella localidad alta, que voto rechazo al cambio de constitución.

Les enseñamos a nuestras hijas e hijos que respeten a las autoridades, que obedezcan a sus mayores, que primero habla el adulto, después la de ellos, que la palabra del mayor es la que cuenta. Ahora me pregunto ¿para qué?, para que cuando puedan los abucen, para que cuando puedan, los manden y ellos tengan que obedecer porque la autoridad manda y no hay otra razón, porque la autoridad se puede equivocar, puede violar, puede robar, pero no bajará de su podio, porque ese poder por ser autoridad es impermeable, blindado y hecho de hierro.

La obediencia conlleva al temor, al miedo y el miedo paraliza, enferma y somete…

Patricia Jara Peña
Profesora de Enseñanza Básica de Lanco.

Botón volver arriba